La diferencia entre tener una opinión y construir un criterio profesional

Por qué el verdadero prestigio profesional no depende de emitir opiniones contundentes, sino de construir conclusiones mediante un proceso intelectual verificable.

En prácticamente cualquier reunión profesional existe un momento que suele repetirse con extraordinaria frecuencia. Después de analizar una operación compleja, discutir sus implicaciones jurídicas o evaluar una estrategia empresarial, alguien rompe el silencio y afirma con absoluta seguridad: 'En mi opinión, sí procede.' Inmediatamente otra persona responde: 'Desde mi punto de vista, no sería recomendable.' Un tercer participante interviene para recordar que una operación semejante se realizó años atrás sin inconvenientes, mientras otro sostiene que la autoridad probablemente adoptará una postura distinta. Al cabo de unos minutos la mesa se encuentra llena de opiniones. Algunas son prudentes, otras categóricas; unas provienen de la experiencia, otras de la intuición y algunas más descansan en el prestigio profesional de quien las expresa. Sin embargo, pocas veces alguien se detiene a formular una pregunta que resulta determinante: ¿alguna de esas opiniones constituye realmente un criterio profesional?

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